Los decibelios del pescaíto, relato acústico-administrativo

Los decibelios del pescaíto, relato acústico-administrativo

por Joaquín José Herrera del Rey
(Palabras pronunciadas por el autor el 4 de marzo de 2004 durante el acto en el que se le entregó el III Premio Santiago Gutiérrez Anaya sobre Propiedad Horizontal y Arrendamientos, Urbanos patrocinado por el Instituto de Estudios El Monte y el diario ABC)

 

 

Mi madre desde chico siempre nos decía a todos los hermanos, que pusiéramos la radio más baja. Sólo debía escucharla el que la había encendido. (Y se dice hermanos aunque ellas sean seis y yo uno ya que la gramática dice que el masculino plural encierra los dos sexos).

Quizás desde entonces tengo metido en la cabeza el tema del ruido lo cual de otra manera no me hubiera permitido estar aquí y saber un poquito de este tema.

Mi trabajo trata sobre el ruido y las comunidades de vecinos un problema que afecta en las ciudades a muchas personas que se ven muy angustiadas por el asunto. Intento profundizar sobre las vías jurídicas para sus posibles soluciones. (El tema tiene aspectos y repercusiones sociales, económicas, políticas, médicas, psicológicas, físicas y jurídicas y, dentro del mundo jurídico, matices penales, civiles, administrativos, urbanísticos, medioambientales y laborales.)

Me acaba de contar un compañero de otra comunidad autónoma, aquí presente, los problemas que estaba teniendo una comunidad de propietarios con los ruidos y vibraciones de una freiduría de pescado. La comunidad se queja también de calor de la cocina, olores y humos. Han tirado una pared medianera para poner las máquinas.

Las máquinas congeladoras producen unos ruidos y vibraciones insoportables .El local tiene, según me dice, un anexo para su consumo con un futbolín y por las noches ponen los partidos de fútbol en un video pantalla gigante. También tiene veladores y las veinte motos de telepescaíto, van y vienen, todas a escape libre, repartiendo los cartuchos por toda la ciudad. Algunas noches ensaya una banda de trompetas y tambores.

Los comuneros están desesperados, tienen el vicio de querer dormir por las noches. Los niños lloran, se quedan dormidos en clase y los padres, y abuelos especialmente, están muy irascibles e irritables. ¿Serán unos neuras? En la comunidad hay dos chicas embarazadas que lo llevan especialmente mal.

Yo me imagino la película:

Lo primero que hará mi compañero será comprobar si existe licencia en la Administración competente. (Tendrá que ir varias veces) También aconsejará realizar una Junta de propietarios al efecto con especial cuidado y rigor en la convocatoria votación y redacción del acta. Parece que no habrá problemas, como en otros casos, en que los vecinos de los pisos altos dejan a los bajos a su suerte con las actividades y el ruido. Quitando la Jurisdicción militar, religiosa y el Tribunal de Aguas de Valencia se planteará si procede una acción civil, penal o contencioso administrativa.

Después se estudiará los 40 folios del expediente de licencia, 40 folios del expediente disciplinario y 40 del expediente sobre el expediente de incumplimiento horario de la Delegación de Medio Ambiente, 40 folios del expediente de veladores, obras y ocupación de Urbanismo, 40 denuncias de la policía local, 14 cartas del Defensor del Pueblo, un estudio sobre el diagnóstico acústico en el barrio “La Jarana” de la comunidad autónoma y otro de la delegación de cultura sobre las pescaderías Bienes de Interés Cultural: El cartucho de pescado (Inspirador de la Tauromaquia) y sus circunstancias… Llegará a la conclusión, pese a todo lo anterior, de que dicho establecimiento no existe administrativamente para la propia Administración ni tiene licencia, aunque un funcionario le indicará que vende todos los días una pescada estupenda con rabanitos y regaña.

Lo que no existe administrativamente no da ni ruidos ni problemas.

Comenzará a iniciar el procedimiento. En primera instancia la sentencia indicará quizás que la administración hace lo que puede o que no hay acto administrativo que recurrir y que la culpa la tienen las otras actividades de la calle y los propios vecinos por haber elegido dicho lugar tan ruidoso y no respetar la cultura del pescado. O quizás diga que existe una presunción de legalidad de los actos administrativos. También se dudará si el problema es de emisión ruido o de aislamiento previo del edificio. (O quizás cuestiones de prueba o de litisconsorcio hagan perder el pleito).

A los comuneros quizás no se les permitirá declarar, ya que son por ser parte interesada y aturdida en el pleito.

Pruebas periciales dentro del procedimiento no podrán realizarse ya que ese día ni se freiría ni se verá fútbol ni se jugará al futbolín ni se reunirá gente en el establecimiento. La banda no ensayará… obviamente ese día. Las motos permanecerán hieráticas. Pero es cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana. El que cae hoy puede levantarse mañana, si es que no quiere estar en la cama.

Mi compañero echará quizás todo el pescado en el asador en el segundo intento. 40 folios tendrá su apelación: dictámenes, periciales, actas notariales (hechas por “notarios antiguos”), fotografías, informes médicos y documentos adjuntos. El panfleto tendrá una preclara capacidad de síntesis. Yo le he prometido en estos días remitir unos 40 confusos folios aclarativos.

El abogado contrario citará a 40 ciudadanos que habrán ido a comprar adobo e indicarán que el establecimiento es silencioso y el pescao ni huele ni canta. Incluso aportará alguna obra que los incluirá entre los comercios que hacen historia.

Mi compañero jurista citará, sin duda, a otros 40, que aunque no vivirán en la comunidad pasan habitualmente por allí.

Las declaraciones de unos y otros posiblemente consuman todo el papel que produzca nuestro reino. Una legión de escribientes consignarán, coserán, testimoniarán y foliarán los pliegos. Otros auxiliares estarán más pendientes de la escaramuza de los magistrados del TS y TC que se enfrentan y el resto montará unas diligencias preliminares sobre la tortura en Tombuctú que va a producir una gran alarma social y harán declaraciones en portada en medios de comunicación.

Cinco veces comenzará a celebrarse el juicio y seis o siete habrá de ser suspendido ya que no habrá posibilidad de que declararen todos los que deben de declarar en el sumario.

Las dietas por horas extraordinarias se elevarán a una cantidad tal que el presupuesto estatal liquidará con déficit.

Un estudio estadístico serio, calculará que con lo que se gaste en sustanciar el ruido de la pescadería se podrían haber montado quince piscifactorías.

El partido conservador indicará la necesidad de realizar 40 estudios acústicos en la zona y una normativa nueva sobre ruidos y vibraciones. Normativa que no será redactada por juristas sino por ingenieros. Cada nuevo sonómetro costará 40.000 euros, de forma que sólo una empresa en Europa podrá realizar las mediciones.

El partido autonómico no lo verá necesario.

La Administración mantendrá con razones de peso que la pescadería no existe.

La cámara de cuentas deducirá que hay que sobreseer el ruinoso proceso de la pescadería que arrastrará a la nación al más absoluto desbarajuste económico.

El partido innovador querrá a todo trance que se aclaren y continúen los procedimientos de la justicia histórica dirimiendo responsabilidades.

Los vecinos seguirán sufriendo, los niños llorando sin dormir… pero la vida continúa… En una palabra sobrecogedor

Por cierto ¿saben Vds. como acabará el asunto…? Dará lo mismo… La actividad con humo, calor ruido, vibraciones y olores seguirá funcionando; mejor será pensar cómo los béticos perdimos contra los palanganas.

Para mí, y mis circunstancias, ganar “ex aequo” el premio Santiago Gutiérrez Anaya (Un gran profesional y persona muy sensibilizada con la contaminación acústica) es tan importante como para Armstrong vencer el tour o para Nash triunfar con el premio Nobel, con su paradójica teoría del equilibrio en los juegos.

Gracias Sres. miembros del Jurado,

Gracias Sres. Organizadores.

Y gracias a Vds. por su asistencia.

Gracias a Vdes. por aguatarme un ratito; y a mi familia por hacerlo siempre.

Sinceramente muchas gracias a todos.